El Servicio de Acción de Gracias de este domingo estuvo centrado en la hermosa prédica del Pastor Henderson Cartaya, quien la tituló «La Prueba de Amor».
La Pastora Greisy de Cartaya dirigió la oración de apertura. Seguidamente, las adoradoras María de Jesús de Thomas y Kimberly González del Ministerio de Adoración Fuego Celestial, junto a las danzarinas Deriangel Balza y la Pastora Deirys de Balza, dieron inicio a la alabanza y adoración. Música y danza se unieron para expresarle a Nuestro Señor el amor y el gozo que como congregación sentimos ante su Presencia.



La Pastora Greisy de Cartaya fue también la encargada del devocional del día. Se adelantó aclarando que la prueba de amor más grande fue la dada por Jesús en la cruz del Calvario. Ante tal amor, no nos queda otra respuesta posible que obedecer a los dos grandes mandamientos expresados en Mateo 22:37-39 y demostrarle a Dios que no hay nada que le quite el primer lugar en nuestros corazones.
Debemos demostrarle a Dios que le amamos obedeciéndole, aún en medio de la prueba, por difícil que ésta sea, tal como lo expresa Romanos 12:9 «El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno». A veces, Dios responde a nuestras oraciones con un «no«. En ese momento, digámosle: «no importa que digas que no, yo te amo«. Porque es fácil decirle que lo amamos cuando nos da lo que queremos. Así también debemos decirle que le amamos cuando nos quita lo que más anhelamos, porque Él lo hace porque nos ama.

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Mateo 22:37-39
La Verdadera prueba de Amor
El Pastor Henderson Cartaya se acercó luego al púlpito. Comenzó su intervención recordando que Dios demostró que nos amó con la máxima expresión posible, con una demostración única e inigualable, como lo expresa Juan 3:16 «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna«.
Para demostrar que le amamos debemos ser probados, debemos decidir y accionar. Pedro vivió un proceso al demostrarle su amor a Cristo, que aún cuando lo negó tres veces, Jesús lo perdonó y le pidió también por tres veces que si lo amaba, apancentara sus ovejas (Juan 21:15-17).
Podemos recordar otros tres personajes más que tuvieron que darle a Dios una prueba de amor:
- Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac.
- David pecó gravemente, pero aceptó la consecuencia de su error cuando su hijo murió. Sin embargo, siguió siendo para Dios un «varón conforme a su corazón«.
- Pablo adoró a Dios aún cuando estaba en la cárcel con Silas.
Una cosa es declarar que amamos a Dios y otra cosa es que creamos que lo amamos. Para dar a Dios la prueba de amor debemos tomar decisiones y ejercer acciones. Sin embargo, a menudo le fallamos ¿Estás dispuesto a amar a alguien cuando sabes que todos los días te va a fallar? Seguramente no, pero así es Dios con nosotros, como lo expresa Isaías 43:25 «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados» (RVR1960).
Debemos examinar qué nos estorba para darle a nuestro Jesucristo la prueba de amor ¿Qué debemos dejar?¿Cuánto tiempo perdemos en aquello que no nos edifica? Decidamos por fin cerrar esos ciclos, rompamos con las ataduras, con las maldiciones.
¿Que más queremos que Dios nos demuestre? Su amor está en nosotros por medio de Cristo.

Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.
Juan 17:20-26
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